Viva la UNAM!

El pasado viernes se entregó a la UNAM, en Oviedo, España,
el prestigiado premio “Príncipe de Asturias”,
concedido anualmente a personas e instituciones destacadas por
su aporte a las causas universales del desarrollo humano.
Me cuento entre los que piensan que la UNAM es la mejor
institución con que cuenta México, por su contribución
sostenida al desarrollo del conocimiento, la investigación y la
difusión de la cultura, en el marco del laicismo, la
tolerancia, la pluralidad y el pensamiento crítico, valores
democráticos ejemplares en un país asediado por la desigualdad,
el autoritarismo, la corrupción y los privilegios de unos
cuantos.
Muchas batallas ha librado el sector más conciente de la
comunidad universitaria para sostenerse en la línea del deber
ser, ante los embates internos y externos de quienes han
intentado alinear a la UNAM con los intereses del gobierno en
turno o con los del sacrosanto sector productivo, hegemonizado
por una oligarquía voraz e irresponsable.
Ante ello, es indispensable sostener el triunfo cultural y
moral de la Universidad, más aún cuando los gobiernos panistas
detestan la grandeza de una institución pública guiada por
principios muy superiores a los del negocio privado.
En las aulas de la UNAM han tenido asiento decenas de miles
de mexicanos que ahí aprendimos y desarrollamos el valor de la
conciencia crítica y del compromiso con la causa de la
justicia, y por ella transitaron muchos de los mejores
científicos, artistas, profesionistas e intelectuales, a los
que debemos que el esplendor de la cultura nacional encuentre
continuidad en la memoria y la conciencia de los mexicanos.
Cómo olvidar, asimismo, la participación de los estudiantes
universitarios en la lucha por la autonomía en 1929 y, junto
con los politécnicos, en el movimiento estudiantil de 1968,
episodios centrales de la historia nacional del siglo
pasado.
Honor y honra a nuestra Universidad premiada.
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