Bautismo de fuego

Claudia Posadas es una joven escritora mexicana. Su poesía
no está hecha de palabras, está hecha del origen de los
sonidos. De la materia primigenia con que se han gestado los
sentidos en un tiempo sin tiempo. Se ha dicho de su obra que
juega con las sustancias de los alquimistas, aquellos
magos-dioses que buscaron crear desde la nada, rompiendo el
equilibrio de la naturaleza. Es posible. Pero las manos
hacedoras de la poeta alumbran más atrás de la propia creación:
Se concentra iridiscente la sustancia / íngrima / pureza en
la completud de no existir, / intocada por el comienzo del
tiempo / y sin embargo su respiración o alumbramiento
significan / el principio / del dolor donde células de sombra
han sido inoculadas. (…), dice en la pieza
Germinal.
Sus libros de poesía son manuscritos para encontrar las
ciudades de oro o para perderse en las ruinas de lumbre. Su
proyecto más reciente se llama “Tríptico de los
caminos” y de ahí vienen las dos plaquetas de poesía que
ya tenemos en nuestras manos: Lapis aurea y
Consolament. En ellos encontramos una permanente búsqueda
de la transparencia y de la perfección. La piedra de oro y el
bautismo que cura. Sus versos son sacramentos para conjurar el
miedo porque Existe un acto que transcurre en silencio, /
al fondo de la sangre; / una mordedura sembrada en la gestación
de las sombras. / Ese íntimo temblor, / ese murmurar que
escinde la aceptada mansedumbre, / es el miedo. Nos
confiesa en el poema del mismo nombre. ¿Qué hacer entonces?
Porque es imposible escapar de su acechanza, / es el sesgo
con el cual se mira, / y se es mirado, (…). No hay
fórmulas. Aquí, en el mundo de Claudia, todo tiene que comenzar
desde el origen, porque sólo se acumula el tiempo en las
explanadas inimaginables de piedra.
¿Tal vez la adoración, el silencio? Antes hay que cansarse y
preguntar. Hay que tomar el agua para ser agua o como nos dice
bellamente: tomar de la transparencia para ser de la
transparencia. Y así vamos andando con ella hasta el
momento último de la destrucción, donde se vuelve oficiante e
iniciada de un bautismo de fuego. Esperaremos de su tríptico el
último gozne: el Scriptorium.
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